Blanqueamiento dental… ¿en casa o en la clínica?

Blanqueamiento dental

Blanqueamiento dental… ¿en casa o en la clínica?

A menudo, las personas acuden a su odontólogo porque el color de sus dientes es demasiado oscuro como para poder calificarlo de “agradable a la vista”. Esta decoloración de los dientes se corrige por medio del blanqueamiento dental, para ajustar el nuevo color y luminosidad al aspecto deseado. El equipo de Maxilonet recomienda el tratamiento realizado por el paciente en su domicilio.

Las decoloraciones pueden afectar a una parte del diente, a todo el diente o incluso a varios dientes. Según cuál sea su causa, se clasifican como:

Dada a su amplia etiología, resulta fundamental realizar un diagnóstico correcto para detectar el origen de la tinción de los dientes y así ofrecer al paciente el tratamiento adecuado para su caso.

Los dientes se pueden blanquear más o menos tonos de la escala cromática en función de cada paciente. Sin embargo, no se decoloran de manera homogénea, por lo que las bandas o vetas más oscuras, aunque resulten aclaradas, no desaparecen. Además, existe un “umbral del color” que limita el blanqueamiento dental: una vez alcanzado un cierto punto de blanqueamiento, el gel ya no tiene efecto.

Por otro lado, la duración del efecto blanqueante tampoco es indefinida: un tiempo después de haber terminado el tratamiento se empieza a producir una ligera recidiva del antiguo color. Es por ello que nosotros, aconsejamos realizar un tratamiento recordatorio de varios días al año para mantener y mejorar los resultados obtenidos a partir del primer blanqueamiento.

Por último, no debemos olvidar que al consumir durante el tratamiento alguno de los productos causantes de las tinciones exógenas, los resultados obtenidos difícilmente serán los deseados, pues el efecto del blanqueante se verá alterado.

¿Por qué es mejor el blanqueamiento dental en casa?

Se puede diferenciar entre dos técnicas de aplicación, una en casa (blanqueamiento ambulatorio) y otro directamente en la consulta con ayuda de lámparas especiales (Power-bleaching). Algunos profesionales incluso realizan un blanqueamiento combinado con las dos técnicas, cuando la severidad de la decoloración lo requiere.

Desde nuestro punto de vista, el blanqueamiento ambulatorio consigue unos resultados más estables a largo plazo , con un menor riesgo a sufrir sensibilidad dentaria mientras se realiza el tratamiento, el efecto blanqueante se puede controlar según el criterio del profesional y del paciente, así como también consigue reducir el coste del tratamiento, a diferencia del blanqueamiento en clínica.

El blanqueamiento ambulatorio se lleva a cabo mediante unas cubetas realizadas a medida, combinadas con producto de blanqueamiento dental de concentración moderada durante varios días. Tras un diagnóstico previo, y siendo imprescindible tener una buena salud bucodental, se toman impresiones y confeccionan modelos de la boca. En el laboratorio se confeccionan unas férulas a medida. Se trata de estructuras plásticas flexibles que se ajustan a la forma de los dientes.

El material que nosotros utilizamos es el peróxido de carbamida al 10% o 16% de concentración que se debe aplicar durante unos 14 días aproximadamente. Este tratamiento está ampliamente descrito en la literatura y es el aconsejable para realizarse de forma ambulatoria. De otro modo, si nos excedemos en el uso de estos productos puede desarrollarse una sensibilidad dentaria antes inexistente, así como irritación de las encías.

Dientes blancos, antes y ahora

A lo largo de la historia, las diferentes culturas han dado gran importancia a la sonrisa, especialmente a los propios dientes. Una sonrisa sana y blanca era indicador de salud, carisma e influencia en otras personas.

De ahí que el blanqueamiento dental como tal, no sea precisamente una práctica de origen reciente. Los egipcios y los fenicios ya disponían de sus propios métodos: aplicaban carbonato de sodio obtenido por calcinación de ciertas plantas y aprovechaban la luz solar para reforzar su efecto. Más adelante, los romanos utilizaron productos naturales a base de cera y ácido úrico para blanquear los dientes.

Poco a poco, estas recetas tradicionales fueron sustituidas, a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, por diferentes agentes oxidantes. Por ejemplo, el hipocloruro de sodio, hoy empleado como desinfectante. Así como el perborato de sodio, o como el cloruro de calcio, fuente de calcio en diferentes productos alimentarios y popular en la alta cocina. Y otras sales de potasio, sodio y calcio se suman a la lista.

Fue en el siglo XX cuando se introdujo en el mercado y en el mundo odontológico el peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) y el peróxido de carbamida, ambos a diferentes concentraciones. Estos dos productos se han seguido utilizando hasta la actualidad en el blanqueamiento dental. Además, en función del fabricante, se añaden productos desensibilizantes a los blanqueantes, tales como el nitrato de potasio o fluoruros.



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