Me rechinan los dientes… ¡bruxismo!

El bruxismo es el mecanismo por el que se aprietan o rechinan los dientes, generalmente de forma inconsciente. Sus causas están relacionadas con el estrés, la apnea del sueño, así como hábitos que fuerzan la articulación de la mandíbula. Tratamos el bruxismo tanto desde los aspectos psicoemocionales como anatómicos, para favorecer una correcta oclusión de la mandíbula.

La mandíbula y el músculo más fuerte del cuerpo

gnatómetro mandíbula
Articulador que simula la articulación temporomandibular (ATM) y ayuda al diagnóstico, planificación y tratamiento necesarios para restaurar la correcta oclusión de la mandíbula.

El músculo del cuerpo humano capaz de ejercer más presión no está ni en nuestros brazos ni en nuestras piernas.  Nuestro músculo más poderoso es, en realidad, el músculo masticatorio de la mandíbula (masetero). Los músculos maseteros son capaces de aplicar una presión cercana a los 80 kg de peso por cada centímetro cuadrado, cuando apretamos con fuerza. Esta potencia se debe en gran parte al efecto palanca que aporta el juego de los dos maxilares.

Tanta potencia puede volverse en nuestra contra. El bruxismo sería el caso más común, ya que consiste en apretar o rechinar los dientes de modo repetitivo debido a la contracción involuntaria de los músculos masticatorios.

Como los movimientos de la mandíbula están ligados a toda la musculatura orofacial, las consecuencias de esta alteración se traducen en sintomatología dolorosa de cabeza, cuello y espalda, a causa de las contracturas musculares. También se manifiesta como dolor en la zona próxima al oído, ruidos y chasquidos articulares, cansancio de los músculos mandibulares, o como un mayor desgaste o sensibilidad dental.

Los niños también padecen bruxismo y es incluso más frecuente que en la población adulta: aproximadamente, una cuarta parte de los niños españoles padecen bruxismo. En cuanto a los adultos, se calcula que la mitad de la población ha experimentado bruxismo alguna vez, especialmente en estados de ansiedad.

¿Qué nos hace apretar los dientes?

Dentro de las causas que lo provocan podemos encontrar cierta predisposición genética, períodos de apnea de sueño, estrés, ansiedad, consumo habitual de sustancias como tabaco, alcohol, drogas, etc. Se calcula que el estrés está detrás del 80% de los casos de bruxismo en adultos.

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Malos hábitos que propician el bruxismo.

Gestos tan cotidianos como mascar chicle, fumar, morder los bolígrafos o la mucosa oral, morderse las uñas o comer pipas, empeoran el dolor provocado por el bruxismo. Todos estos hábitos van acompañados de una posición forzada de la mandíbula o de una fuerte presión aplicada sobre un mismo punto, de forma repetitiva, que acaba perjudicando a la articulación temporomandibular (ATM) y produciendo dolor y molestias.

Incluso las malas posturas corporales, al sentarse o al cargar peso, pueden empeorar este tipo de dolencia.

Y, además de este tipo de factores, existe otro con una clara relación entre la oclusión (forma de morder), la musculatura y la anatomía de la ATM.

¿Cómo reducir la tensión?

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Placa miorrelajante

Para prevenir o tratar el bruxismo, es importante estudiar la oclusión y conseguir un equilibrio con la musculatura masticatoria y la articulación temporomandibular (ATM).

Este equilibrio lo conseguimos a través de una relajación de la musculatura masticatoria mediante la utilización de férulas durante 24 horas al día combinado con técnicas de fisioterapia. Los tratamientos relacionados con el control del estrés y de la tensión muscular, pueden consistir en diferentes técnicas como el biofeedback o la terapia miofuncional.

Para coordinar de forma correcta la oclusión con la ATM puede ser necesaria la realización de un tratamiento posterior de Ortodoncia sencillo o bien un tratamiento combinado de Ortodoncia y Cirugía Ortognática, una vez conseguida una situación músculoesquelética estable.

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